El otoño estaba en pleno apogeo pero
en el corazón de Aurora sólo había cabida para el invierno.
El pueblo de sus antepasados estaba
desapareciendo a pasos agigantados. Aquel lugar que habían abandonado tras el fallecimiento de su madre y que le traía recuerdos de días más felices pronto sería pasto de leyenda.
Armándose de valor recorrió las
callejuelas, resbalando en las losas cubiertas de verdín por el agua
estancada, buscando vida.
Sus pies se movían con más convicción
que sus pensamientos. Nunca había planeado regresar a la agreste aldea que la
había visto nacer...y su padre nunca se lo habrían permitido. Una
vez le preguntó por qué había abandonado todo cuanto conocía y
él, con una mirada extraña en los ojos, había dicho: “allí no
quedan más que rocas y muerte”.
Y eso es todo lo que había encontrado.
Rocas, casas deshabitadas y tumbas sin nombre.
Con un suspiro de exhasperación,
Aurora retrocedió de nuevo y se encontró en la linde del bosque.
Los árboles, pese a la avanzada estación, estaban colmados de
hojas. En el suelo una alfombra de hojas del color de las calabazas
parecía indicarle un camino que no dudó en seguir. Cerca cantaba
un riachuelo y en el aire podía olerse la humedad de las montañas
del norte.
En las montañas, y más aún cerca del
río, suele producirse una niebla muy húmeda conocida por ser
rastrera y espesa. La niebla puede despertar de su letargo y
expandirse en cuestión de minutos, ocupando más espacio que el
pueblo que Aurora acababa de abandonar. En otras ocasiones la niebla
se resistía a abandonar un lugar en el que se había acomodado,
provocando retrasos y retenciones en el mundo moderno. Allí no había
aviones a los que impidiese despegar, ni coches que saliesen de un
túnel a una densa capa de ceguera, pero sí había una mujer,
moderna, humana, y poco conocedora de aquel fenómeno meteorológico
en particular.
Fue de un segundo a otro. O tal vez
había pasado un minuto cuando Aurora se percató de que el cielo se
oscurecía. Absorta en la naturaleza que la rodeaba pensó que se
trataba de una nube pasajera. Más tarde se dio cuenta de su error
cuando una espesa capa cubrió los árboles, cayendo de golpe como un
telón fantasmal. Perdida, desorientada, comenzó a retroceder hacia
donde creía que estaba la aldea abandonada.
Apurando el paso giró hacia un lado,
dudando, ¿no había pasado ya por allí? Era imposible de decir.
Un rugido se oyó a su espalda. Echando
un rápido vistazo por encima del hombro se dijo que allí no había
nada. Pero otro sonido, de animal, se superpuso al primero. Aurora
dejó de creer que era su imaginación cuando una serie de crujidos
comenzó a escucharse, cada vez más altos, cada vez más cercanos.
Aurora comenzó a correr. Unas manos,
húmedas, pegajosas, y extremadamente frías, le tocaron la piel,
colándose entre los resquicios de la ropa, besándole en las
mejillas. Los escalofríos tan solo sirvieron para que estallase en
sudor, su ropa adhiriéndose a su piel, su respiración agitada. Su
corazón retumbaba en sus oídos a un ritmo alocado pero eso no
impidió que escuchase el estruendo que se produjo a su espalda.
Jadeando, aceleró el ritmo de sus zancadas. Tropezando, consiguió
esquivar apenas las raíces que le ponían la zancadilla. Las ramas
de los árboles le intentaban impedir el paso, rasguñando su piel,
retrasando su huída. El viento silbaba palabras de burla.
Su corazón latía cada vez más fuerte
y no oía nada más, no quería oírlo. Su cuerpo se
quejaba por el esfuerzo queriendo parar pero ella se negó a
rendirse. Un grito se ahogó en su garganta cuando vislumbró su
coche, más allá del límite del bosque, cerca de las casas. La
salvación estaba allí, a pocos metros
Fue entonces cuando dejó de oírlo
todo. Los crujidos, los rugidos, el viento ensordecedor... Se detuvo.
Girando lentamente se encontró con el vacío.... Y el vacío le devolvió la mirada.
Lo último que sintió fue el frío aliento de la niebla sobre su rostro.
Ejercicio de Adictos del mes de Enero donde tuve la mala suerte de encontrarme con el género de terror. Al menos me llevo una lección aprendida: no se me da bien este género. Y otra más debería ser no esperar hasta el día de publicación para escribir pero aquí estoy, con el móvil en la mano y escribiendo esto. y noes la primera vez que escribo el mismo día (sí que es la primera desde el móvil así que sí hay muchas palabras raras lo siento!! ) besos.
Bueno, creo que esa era parte del ejercicio, sacarnos de la zona cómoda para experimentar. A mí lo del terror tampoco se me da mucho; me parece que me salté el ejercicio de Halloween :)
ResponderEliminarA lo mejor puedes guardar este cuento como un boceto y luego lo desarrollas con calma. En mi humilde experiencia los cuentos no se escriben de un solo tirón, llevan cambios y ediciones :o
Felicidades por lanzarte al reto!
Abrazos.
Yo también me lo salté este año XD Y sí, tienes razón, hacía falta edición para este pequeño relato pero me faltó tiempo (siempre dejando las cosas para último momento, pobre mi cabeza loca). Muchas gracias por pasarte y comentar, ¡besos!
EliminarBuenas noches y mucho gusto :)
ResponderEliminarCreo que tu relato está muy bien, pese a que el género no es de tu preferencia. Siempre es bueno incursionar, y mejor aún en lo desconocido.
Un beso,
Ellora
El gusto es mío :P Muchas gracias por el comentario y sí, tienes razón, la cosa es arrojarse a la piscina, luego ya se verá si flota o se hunde ;)
EliminarHola!
ResponderEliminarLa verdad que para no ser estar acostumbrada a escribir sobre este género debo decir que te quedó realmente aterrador. Humanizaste un elemento de la naturaleza y el resultado fue muy bueno. En lugar de pegañosas es pegajosas.
Saludos!!
¡Gracias! Intenté que de un hecho nada significativo hubiese algo que diese un escalofrío aquí o allá. Gracias por la corrección, lo cambio ahora ;) (regionalismos malos, mira que siempre consigo corregirlos a tiempo, excepto este xD). Besos
EliminarMe encantó!!! Y cuando creí al final que se salvaba... PUM.. la alcanza la niebla... Felicitaciones :)
ResponderEliminarAuténtico terror en frases cortas y concisas. "El vacío te devuelve la mirada"..por ejemplo. La niebla es uno de los elementos reales mas terroríficos para mí. Lo he sentido. Enhorabuena, un relato que te implica. Saludos.
ResponderEliminarPues a mí me ha resultado angustioso. Cuando ya creía que se iba a librar y me empezaba a relajar, el relato da un giro que me deja aterrorizada. No ha estado nada mal, la verdad. ¡Un beso!
ResponderEliminarBess: Ha sido un poco arduo leer tantos relatos con un mismo tema, pero bueno, los he leído y, aunque casi todos hablan de lo que les inspira el bosque, cada uno les dio su propio enfoque.
ResponderEliminarCon cariño: Doña Ku
Curioso, el estilo y las frases definitivamente sirvieron para el género de terror, pero me he quedado sin saber qué y por qué ocurrió.... ¿Será que me distraje? Lo cierto es que muchas historias de horror tienen esa misma cualidad...
ResponderEliminarMe han gustado mucho las descripciones y el final! Tiene muchas características del género.
ResponderEliminarUn abrazo!
Pues no se te da nada mal, te has ajustado bien al tema y has creado la atmósfera apropiada. La gracia de algunos de estos ejercicios es, precisamente, sacarnos de nuestra zona de confort ^^
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